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1967-2017 medio siglo de computación en la Udelar

El sábado 11 de noviembre "La Diaria" publicó el artículo "1967-2017 medio siglo de computación en la Udelar" escrito Marita Urquhart, Juanjo Cabezas y Laura Bermúdez. El trabajo aborda la historia del InCo y es parte de los festejos por su 50 aniversario.
Una versión extendida del artículo se incluirá la revista "Informática" del Instituto que se lanzará próximamente.[Ver artículo en La Diaria]

1967-2017 medio siglo de computación en la Udelar

1 Un nacimiento con el vértigo de los 60
Hay que ubicar los orígenes de la computación en la Universidad de la República (Udelar) en la década del 60 del siglo XX. En diciembre de 1963 un grupo de profesores de la Universidad elevó una nota a su rector, en la que recomendaba la creación de una Comisión de Tratamiento de la Información (CTI), algo que se concretó el 16 de diciembre de ese año. A la comisión, presidida por el ingeniero Rafael Laguardia e integrada por los contadores Mario Bianchi y Ariel Dravieux, los ingenieros Enrique Cabaña y Ricardo Pérez Iribarren, los doctores Pablo Carlevaro y Elio García Austt, y el licenciado Sayd Codina, se le encomendaron tres objetivos: “programar y realizar cursos para difundir, dentro de la Universidad, la computación electrónica; proyectar y desarrollar un Centro de Cálculo (Cecal); estudiar los cambios que en los programas de las distintas asignaturas trajera aparejado el hecho de haberse producido este tipo de máquinas”.

Desde comienzos de 1964, la CTI organizó el dictado de cursos en técnicas de computación. Además, se obtuvieron, gratuitamente, cuatro horas mensuales de máquina en la empresa IBM para trabajos realizados por docentes de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura y de la Facultad de Ciencias Económicas.

A fines de diciembre de 1965, la CTI elevó al Consejo Directivo Central (CDC) el anteproyecto de creación del Centro de Computación de la Udelar (Cecur), en cumplimiento de uno de sus cometidos. En 1966, el ingeniero Oscar Maggiolo es elegido rector; en octubre de ese año, fue contratado como asesor de la Udelar el profesor argentino, doctor Manuel Sadosky, y el 7 de noviembre el CDC resolvió crear el Cecur, al que atribuyó “funciones de investigación, docencia, asesoramiento y realización de tareas de rutina al servicio de todas las dependencias universitarias y otras actividades nacionales en el campo del tratamiento numérico de la información”. En la misma resolución, le encomendó las tareas de organización del centro a la CTI.

El Cecur dependía jerárquicamente del rectorado. Las designaciones de personal, tanto docente como no docente, y las adjudicaciones presupuestales eran realizadas por el CDC. La CTI intervenía en la planificación y extensión de servicios, formulación de bases para los concursos, funcionamiento de la carrera de Computador Universitario. Por tratarse de un instituto central al servicio directo de todas las ramas de la Universidad, la variedad de funciones inherentes a todo servicio docente universitario se multiplicaba en el caso del Cecur.

El personal estaba integrado por un jefe de repartición (ingeniero y máster en Ciencias Luis Osín), cinco asistentes (ingeniera Dolores Alía de Saravia y los bachilleres Jorge Vidart, Juan C Anselmi, Gastón Gonnet y Juan C Ruglio) y otras 20 personas, entre ayudantes, programadores y colaboradores.

A principios de 1972, el ingeniero Osín renunció a la dirección del Cecur para continuar con sus estudios de doctorado, y asumió su lugar la ingeniera Dolores Alía de Saravia, egresada de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura, máster en Ciencias por la Universidad de Northwestern.

La IBM 360/44

En agosto de 1967, la CTI elevó al CDC un informe sobre la licitación de compra y locación de una computadora científica en el que proponía, entre las ofertas recibidas, la adquisición de un equipo IBM 360, modelo 44, de última generación en ese entonces. La Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas colaboró en la construcción y habilitación del centro, que fue instalado en el quinto piso de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura, en diciembre de 1968. Se organizaron cursos de adiestramiento en el conocimiento de lenguajes y operación del equipo electrónico. Durante los años 1967 y 1968, anteriores a la llegada de la IBM, se realizaron trabajos de computación gracias a las facilidades otorgadas por el Banco Comercial.

En 1971 se incorpora un nuevo equipo de computación a la Universidad, PDP-12, fabricado por la Digital Equipment Corporation, instalado en la Facultad de Medicina.

La carrera

El 13 de enero de 1967 la CTI elevó al CDC un proyecto de creación de la carrera de Computador, que fue puesto a consideración del Claustro General, el que, con leves modificaciones, propuso al Consejo su creación en junio de 1967.

El 10 de julio de 1967 se creó la carrera de Computador Universitario; la resolución del CDC establece expresamente que “la organización de los cursos y la responsabilidad de la admisión y egreso de la carrera estarán a cargo de la CTI”.

En 1968 comienzan a funcionar los cursos regulares. El personal docente del Cecur se encargaba del dictado de la mayoría de los cursos obligatorios de la carrera de Computador Universitario, que ya se habían dictado en forma no oficial durante el año anterior. Para la enseñanza de lenguajes de programación se asignó un docente a cada Facultad. La carrera de Ingeniería recibió el beneficio adicional del dictado de cursos regulares de Fortran y cursos opcionales en cálculo numérico. La cantidad de inscriptos creció rápidamente. De 28 alumnos en 1968 se inscriben 165 en 1971. Ese año cursan la carrera de Computador Universitario 218 alumnos: 165 en primer año, 39 en segundo y 14 en tercero. La procedencia de los alumnos de primero es un dato interesante; mientras que en años anteriores la mayoría provenía de los preparatorios de Ingeniería y Ciencias Económicas, en 1971 se notó un aumento de inscriptos provenientes de preparatorios de Arquitectura y Química, así como de estudiantes egresados de Liceo Piloto. Algunos de los cursos: 1) Introducción a la Programación y Cálculo Numérico Elemental; 2) Investigación Operativa; 3) Análisis Numérico; 4) Programación; 5) Sistemas de Procesamiento de Datos; 6) los cursos de Matemática eran los de las carreras de Ingeniería o Ciencias Económicas.

En 1971 se graduaron los tres primeros egresados de la carrera de Computador Universitario; luego de cumplir los cursos trienales dictados en el Cecur bajo la supervisión de la CTI en 1972, egresaron dos más.

2 Una adolescencia difícil: la intervención

El 27 de junio de 1973 se disuelve el Parlamento. En setiembre de 1973 se realizan las elecciones universitarias. El resultado es favorable a los opositores de la dictadura.

El 27 de octubre de 1973 muere el estudiante Marcos Caridad Jordán a causa de una explosión en la Facultad de Ingeniería. Ese mismo día, la dictadura interviene la Universidad. El personal del Cecur es detenido e interrogado. Los interventores sospechan que la IBM 360 contiene información de las organizaciones subversivas. La directora Alía de Saravia es sustituida por un triunvirato ajeno al Cecur.

Entre 1974 y 1976 se aprueban e implementan los planes de estudio de tres años para las carreras de Analista Programador e Ingeniero de Sistemas en Computación (Plan 74). Estos programas sustituyen a la carrera de Computador Universitario. Los responsables del diseño del Plan 74 fueron los ingenieros Julio Cesar Granato y Breogán Gonda.

La creación del Inco y Dicur

El Cecur se reorganizó en dos nuevos servicios:

• La Dirección de Cómputos de la Udelar (Dicur), que depende de Rectorado y gestiona la IBM 360.

• El Instituto de Computación (Inco) de la Facultad de Ingeniería.

Ente 1974 y 1984, el Inco se concentró en la supervisión del dictado de las asignaturas del Plan 74. Estas carreras tenían un cupo de 200 a 250 estudiantes por año. Los docentes se contrataban con cargas horarias muy bajas, lo que impedía el desarrollo del ambiente académico. Para 1985, los contenidos de las materias del Plan 74 estaban obsoletos.

Las nuevas normas para los estudiantes

Los estudiantes del Plan 74 no tenían acceso a la IBM 360. Había una ventanilla en la que se entregaban los programas (en tarjetas perforadas) para que los ejecutara la computadora. Sólo podían ingresar a la Facultad para cumplir una actividad concreta. No podían deambular por los corredores y, mucho menos, hacer reuniones. En el caso de los hombres, además, debían tener el pelo corto, sin barba, patillas o bigotes que pasaran la comisura de los labios. Las mujeres no podían usar minifaldas o “maquillajes indecentes”.

3 Una juventud plena de utopías: la democracia ha vuelto

Al finalizar la intervención, el Inco era un esqueleto de cátedras despobladas y apenas contaba con unos pocos cargos. No había director y la cantidad de estudiantes que ingresaba pasaba de 250 a más de 1.000. En estas condiciones, ¿cómo renació el Inco?

La denominada generación 83 surge, en la Udelar, durante la militancia estudiantil antidictatorial, entre 1983 y 1984. En el caso del Inco, la generación 83 transformó su organización antidictatorial en una estructura académica, autónoma y dirigida por los estudiantes y unos pocos jóvenes docentes.

De esta forma, se terminó la tranquilidad en la sala de la IBM, por la llegada de ruidosos jóvenes de barba y pelo largo, y las minifaldas, que no se quedaron atrás. La generación 83 del Inco creó un proyecto académico denominado Plan Turing. Este plan consideraba que la investigación científica era el corazón del Instituto.

La reforma del Plan 74 y el nuevo Plan 87

En 1985 comenzó a funcionar la comisión de Instituto, que puso énfasis en dos puntos:

  1. La reforma del Plan 74, para actualizar los contenidos de las asignaturas.

  2. La reorganización del personal del Inco, a partir de departamentos en lugar de cátedras.

La reforma del Plan 74 significó un gran esfuerzo para los jóvenes docentes, que generaron las condiciones para cambiarlo en 1987.

El nuevo Plan 87 presentaba un programa de Ingeniería en Computación de cinco años, compatible con los formatos internacionales. La comisión encargada de la propuesta la integraron Julián Araos, Juan José Cabezas, Juan Grompone y Jorge Vidart.

La EBAI y la Eslai

La Escuela Brasilero-Argentina de Informática (EBAI) y, sobre todo, la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (Eslai), con sede en La Plata (Argentina), jugaron un rol fundamental en la reconstrucción del Inco, en la segunda mitad de los 80. En esos años, decenas de jóvenes docentes fueron a la EBAI y la Eslai para hacer cursos de actualización y posgrado.

El área de Informática del Pedeciba

Para 1990, el área de Informática del Programa para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba), instalada en una sala del Inco, se había transformado en el principal soporte para el crecimiento académico del Instituto.

Esta realidad fue evidente en 1992, cuando la Facultad de Ingeniería conmemoró los 100 años de sus primeros egresados. El evento incluyó la entrega del diploma al primer egresado de los recién creados programas de posgrado de la Facultad. Para sorpresa de muchos, el diplomado era del Inco y, algo más sorpresivo aun, se trataba de una mujer de la generación 83: Patricia Peratto.

Los años 90: todas las piezas en su lugar

La Dicur, creada en dictadura, se transformaría en el Servicio Central de Informática de la Udelar, bajo la dirección de Ida Holz, que desempeñó un rol fundamental en la incorporación de internet en la Universidad, en Uruguay y en América del Sur.

El Cecal de la Facultad de Ingeniería se creó en 1989 bajo la dirección de Roberto Oliveira-Mattos. En los años 90 se destacó por el desarrollo de proyectos de ingeniería relevantes para el país. En apenas 15 años (1985-2000), el Inco cuadruplicó su plantel docente (de 25 a más de 100) con una formación (14 doctores) y experiencia académica adecuadas a sus funciones y desafíos.

4 Algunos números y egreso

Un parámetro significativo de estas cinco décadas de la computación en la Udelar es la cantidad de egresados de sus carreras de grado y posgrado en la disciplina. Los datos hablan por sí solos.

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Laura Bermúdez, Juan José Cabezas y María E Urquhart